Cuarto para las doce…

No tengo mucho tiempo de haberlo estrenado. Es un reloj fino, de esos que se ven en un aparador al ir pasando y no sé que tienen pero por alguna razón volteas a ver. No sé. Probablemente influya el hecho de que me gustan los relojes; casi cualquier cosa que puede medir el tiempo llama por demás mi atención. Es curioso que esos simples aparatejos construidos e ideados por la mano del hombre puedan tener a veces más control de tiempo de lo que lo tiene uno.

Desde que lo vi me gustó. Ese 12 tan grande en la parte superior lo hacía lucir distinto, bonito, agadable a la vista. ¿No te ha pasado que cuando compras algo nuevo caminas diferente o haces lo posible para que luzca? Das pasos más grandes con esos tenis nuevos, te acomodas sin parar esa gorra que con tanto gusto adquiriste, caminas y estiras en demasía tu brazo con el fin de que todos vean que lo hiciste, que con todo tu esfuerzo lograste comprar ese reloj.

Los segundos pasan rápido. Los veo. Casi los puedo sentir, aunque apenas siento uno ya pasó el otro. Los minutos son otra cosa. Tardan un poquito más y te dan tiempo para verlos y empezar a pensar en cosas. Con las horas no es muy distinto. Ese largo caminar de las manecillas para empujar a la que marca las horas es hermoso, continuo e invariable. A veces pienso que nadie lo nota o que ninguna persona tiene tiempo para hacerlo, que es algo inútil.

Dicen que la vida pasa muy rápido, pero no entiendo. Aunque por lo que ves a diario parecería tener lógica. Gente maldiciendo y lanzando pestes al aire porque no tiene tiempo, miradas adustas, duras y llenas de una pesadez y odios inútiles por haber perdido un minuto de tiempo, un minuto de su valioso tiempo. Te lo juro, por más que veo el movimiento de las manecillas de mi reloj, por más que intento buscar y descifrar en él y con él donde se fue ese simple minuto que la gente llora, busca y a veces maldice, no lo entiendo. El tiempo en mi reloj siempre es el mismo. ¡Qué curioso! Debe ser entonces que a pesar de ser fino y tener ese gran doce en la parte superior no sirve. O que mi ritmo de vida va muy lento en comparación a los demás, quizá, incluso, en comparación al tuyo. Y sin embargo este ritmo que llevo conmigo me agrada… y mucho.

Tómate un momento para ver tu reloj, no importa que sean las 6 de la mañana o cuarto para las doce. Míralo y date cuenta que el tiempo no cambia, siempre es el mismo. Tú haces tu tiempo. Tú haces tu día lento o rápido, bueno o malo, hermoso o miserable. Lento o rápido. Ya lo dije: me gusta vivir a mi ritmo. Disculpa si no es igual al tuyo, pero a veces me detengo a ver mi reloj; un reloj fino, de esos que ves en un aparador al ir pasando y tienes -no sé porque- que voltear a ver.

Acuérdate siempre de voltear a tu alrededor y ver lo hermoso que es vivir. Tomate un minuto de tu tiempo, un minuto de tu vida.

Mario A. Madrigal

See ya!

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