Video qué? Vol. 2

Después del mencionado éxito que tuve como jugador profesional de canicas mi tiempo libre tuvo un incremento sorprendente. En pocas palabras: hacer la tarea era quizá la única cosa entretenida que tenía que hacer por las tardes.

Seré honesto, no recuerdo bien como o cuando fue mi primer encuentro con una máquina de videojuegos (lo siento, es el alzheimer), aunque si alcanzó a recordar el lugar, una farmacia. Fue en la Farmacia de La Güera donde alcancé a ver de reojo un rustico (para estas fechas) mueble arcade con un Atari 2600 dentró de él. Vale la pena mencionar que en aquel entonces no tenía ni la más remota idea de que era un Atari. Si no mal recuerdo el primer título que vi fue Phoenix, aunque la variedad para escoger cada semana era buena: Pitfall!, Jungle Hunt, Solar Fox (mi juego favorito del 2600), Kaboom, Dragon Fire, FrostBit, Moon Patrol, Taz… uf! Cuantos buenos recuerdos.

A decir verdad hay algo en la historia que no concuerda; ¿cómo con mi nula habilidad en los juegos de la época, léase yoyo, balero, tormpo, etc., podría tener éxito con un juego de video?. ¿La respuesta? Simple: resulté ser igual de malo con los videojuegos que con los juegos de la época, léase yoyo, balero, tormpo, etc. Era una basura. Mi vieja moneda de 5 pesos -esa que tenía una figura de Quetzalcóatl en el frente- no duraba nada. Sin embargo la emoción que sentía al jugar era algo totalmente nuevo. No tengo idea como expresarlo con palabras, pero quien haya jugado alguna vez un juego de video y le haya gustao comprartirá mi opinión. La sensación de estar ahí, de ser parte de algo. Al paso del tiempo me he dado cuenta que esa sensación nunca la tuve o la percibí al hacer otras actividades lúdicas en grupo.

En fin, algo que si sufrio un cambio drástico fue la hora de la comida. Dado que era el encargado de traer las tortillas para acompañar la comida y de que la tortillería se encontraba exactamente a una cuadra y media de distancia de la farmacia, casí nunca volvimos a comer a la hora de costumbre. Es por demás decir que en más de una ocasión -muchas, diría yo- el dinero de las tortillas se iba peso a peso en las máquinas y por ende las dificultades para justificar dicha desaparición iban en aumento. Recuerdo con mucha nostalgia una ocasión en particular en la que despúes de casi hora y media de haber ido por las tortillas llegó mi turno para jugar. Solar Fox, lo recuerdo bien. empecé de maravilla, tan bien estaba jugando que hasta yo me admiré. Llegué al nivel 7, un logro en aquel tiempo. Aunque al parecer el gusto no me iba a durar mucho:

– Mario, ahí viene tu jefa!

– Eh?

– Ahí viene tu jefa wey!

– Ah… que!?

Y a correr, con todo el dolor de mi corazón tuve que dejar mi juego, dar la vuelta por toda la cuadra para no ver de frente a mi mamá y pegar una carrera como nunca antes lo había hecho. Llegué a casa antes de que ella regresara de su fallida búsqueda y con una sonrisa la recibí en casa:

– Dónde estabas? Dijo ella.

– Uy, ya llevo aquí como media hora. Mira, ya hasta las tortillas se enfriaron.

– Te fui a buscar y no estabas, donde andabas? Repitio ya con el ceño fruncido.

– Ay, mejor vente sientate a com…

Y ahí empezó la corretiza. Tuve que pegar otra carrera, desgraciadamente el área del comedor no equivalía en lo más mínimo a una calle, si acaso sobrepasaba los 3 x 3 mts., así que ya imaginarán quien fue el derrotado: mi trasero.

Golpeado, y renegando de haber jugado como nunca y tener que haber dejado mi juego tuve que resignarme a comer un plato de sopa de pasta. Sentado con mi hermana al lado, quien me miraba sin acabar de entender que había sucedido y con una cara de resignación empecé a comer.

– En fin. Al menos llegué al nivel 7. Me dije y le di un sorbo a la sopa.

– Wagh! Esta fría. -pensé para mis adentros-

– Oyé amá están frias las tortillas. Me calientas una?

¬¬

Al rato le seguimos.

See ya!!

P.D.: ¿Recuerdan las monedas de 5 pesotes?

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Una respuesta a “Video qué? Vol. 2

  1. ¡Qué bonita moneda! Claro que las recuerdo. Todo el mundo estaba volado con ellas y quería una cuando vinieron a sustituír a las que tenían la efigie de Vicente Guerrero (que, en teoría, eran más elegantes y valiosas). En el lejano pueblo de mi mamá, había que cambiarlas, porque con un quinto de esta cantidad te daba para una sesión de Space Invaders… ah, sí, tiempos más baratos.

    Por cierto, lo único que ha sufrido mi trasero en cuanto a videojuegos es aplanamiento forzoso cuando no hay silla disponible y el tiempo se prolonga. ¡Suerte!

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