¿Video qué?

Corría el año de mil ochocientos no me acuerdo -más o menos como 83-, cuando un servidor se encontraba aún cursando la educación primaria; contaba en aquel entonces con unos 8 ó 9 años de edad.

En aquel entonces la diversión a la hora del recreo consistía en llevar una buena dotación de canicas y prepararse para enfrentar a rivales de gran calidad jugando entre las raices de los árboles siendo así la sensación a la hora del receso.

Está bien, está bien… estoy exagerando un poco, pero algo cierto es que lo tradicional en esa época era jugar trompo, yoyo o canicas, según la temporada. Recuerdo que, dada la situación económica que reinaba en nuestro hogar, las canicas eran parte del grupo de objetos que se encontraban últimos en la lista de compras. Por eso mismo tomé la decisión de hacerme de una bolsa de ellas, aunque ello significara sacrificar la mayor parte de mis domingos o propinas que ganaba, cuando llegaba a hacer algún mandado.

Debo reconocer que aquello no fue fácil, sin embargo el resultado fue satisfactorio: después de mucho tiempo de abstenerme de los placeres que significaban cosas como las golosinas o los álbumes de estampitas logré mi cometido, una bolsa nuevecita de canicas solo para mi. Recuerdo que ese día en específico esperé la hora del recreo como ningún otro. Preparado mentalmente y decidido a opacar a mis rivales entre al juego. ¿Ha estado alguna vez formado en una fila por más de una hora para realizar un trámite que te llevará solo un par de minutos? Algo así me sucedió. Más tiempo tardé en esperar mi turno que en ver como -canica a canica- mi bolsa se iba quedando vacía.

Esta de más decir que no gané nada: ni canicas, ni satisfacción ni nada. Ese fue exactamente el momento en que perdí todo lo que había logrado con tanto esfuerzo y en el que decidí que las canicas y los niños que en aquel entonces me las bajaron podían irse directo a la chingada.

Alejado ya entonces del vicio de las canicas, del trompo o yoyo -artefactos en los que soy malísimo-, la vida de un servidor constaba de mucho tiempo libre, el cual era dedicado principalmente a ver telenovelas fresas y lacrimosas acompañando a mi mamá y a mi hermana, además de algunas tardes libres para jugar futbol, desgraciadamente la mayoría de las veces con una pared como compañero.

¿Videojuegos? Sip, en algún momento llegaron a mi vida, o yo llegué a la de ellos. Es curioso como el hecho de perder una simple bolsa de canicas fue lo único necesario para mirar otras opciones, para encontrar otra puerta… ¿mejor o peor? No sé, quizá el tiempo, como siempre, sea el único que tenga la respuesta, pero eso amigos, será parte de otra entrega.

See ya!!

Odio las canicas!!

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5 Respuestas a “¿Video qué?

  1. Efectivamente el año 1983 definitivamente tiene algo para los videojugadores. Quiza sea cuando el Atari ese consolidó en el gusto de el publico mexicano. Quien sabe, tendré que investigar más sobre el mencionado aparatejo jiji. Lo único que recuerdo sobre mi entrada a los videojuegos es una vieja maquinita de Pong que probabamos antes del Atari. ¿El año? curiosamente debio ser el mismo, 1983. Saludos!

  2. Cierto Yipie, quien sabe que tuvo ese año en particular, pero para muchos de los hoy conocidos como gamers fue un año que marcó muchas cosas, aunque en México el Atari aun no tenía el auge suficiente. En fin, gracias por postear!!

    See ya!!

  3. Pingback: Horrores a impresión « I am Donkey·

  4. Me recuerdas un poco a mi propia experiencia… si bien radicalmente distinta. Yo DETESTABA los juegos de niñas. Cosa curiosa, envidiaba mucho a mis compañeras de la primaria que siempre terminaban el recreo con los calcetines inmaculados, pero me moría de aburrimiento con sus estúpidos juegos: que si el bebeleche, que si las muñecas, que si el elástico… Me hacía falta un poco de acción. Pero como no resulté buena para los deportes (y los odiaba también, qué más da), ¿qué otra solución podría tener sino los videojuegos? Y el resto es historia.

  5. De hecho a mi me gustaban los juegos incluidos los deportes, pero aquel que dijo en alguna ocasiones que los niños son muy crueles tal vez tenía razón. Cuando eres el último al que escogen, cuando chutas a la izquierda y te sale a la derecha, cuando pierdes tu bolsa de canicas y tus esfuerzos se van con cada una de ellas. Es cierto que solo tropezando es como se aprende a andar, pero qué de caidas sufrí esos años; aún así los recuerdo con cariño.
    En la actualdad sigo siendo malo en deportes, pero me divierte mucho jugar como chamaco. El balero, trompo y yoyo siguen sin ser mi punto fuerte pero la lucha le hago. Y los juegos, mis videojuegos siempre estarán ahi.
    Gracias por comentar.

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